Díselo en la cara

¿Cuántas veces salimos frustrados de una clase? ¿Cuántas veces nos vamos a la cafetería o la sala de profesores del centro a compartir nuestras penas de algo que nos ha pasado con un grupo? ¿Cuántas veces llegamos a casa cansadísimos porque no hay manera de hacer que un grupo funcione, por más ilusión que le ponemos? O ¿Cuántas veces nos sucede que preparamos una clase maravillosa y por cualquier razón los alumnos/as nos la tumban sin miramiento?

Seguro que a todo esto, cualquier docente responderá muchas, muchas veces. La solución es muy sencilla: díselo en la cara, porque ¿De qué nos sirve irnos lamentando por las esquinas de todo lo que nos sucede? No sirve de nada, especialmente porque por muy mal que ellos/as nos lo pueden hacer pasar, lamentarse no es una solución, maldecirlos, tampoco, porque no va a servir de nada, entre otras cosas, porque no se van a enterar. Estamos llegando a final de curso y se nota, el buen tiempo, la primavera, las ganas de concluir un curso complicado, hace que los chicos y chicas, estén algo más alborotados. Pero si la clase no funciona: díselo, díselo a ellos, en su cara

Háblalo claro, habla con ellos/as
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