En clase, si no funciona, cambia algo

Los profes somos unos “recicladores” natos. Reciclamos los recursos de un año para otro, con bastante facilidad. No lo digo con la intención de molestar a nadie, más bien al contrario. A veces tenemos un recurso que funciona maravillosamente, una actividad que nos encantó en la que chicos y chicas se implicaron maravillosamente y resultado final fue extraordinario y por eso lo reciclamos para el curso siguiente. Pero llega el año siguiente y… ¡¡¡puuuum!!! Un desastre, pero insistimos en que tiene que funcionar, porque el curso pasado fue maravilloso. Lo probamos en otra clase y lo mismo, seguimos dándonos golpes contra la pared hasta que salimos frustrados y malhumorados.

Si no funciona, cambia algo
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Gamificar si, pero con implicación

De muchas maneras los chicos/as demandan nuevas formas de hacer las cosas. En las sesiones de evaluación salía con cierta frecuencia, la demanda de los/as estudiantes de clases diferentes, con juegos, dinámicas. Obviamente, hay quien no entiende esa solicitud y se escuchó en esas mismas reuniones de profes frases como ¡Aquí se viene a estudiar, ya tendrán tiempo de jugar y divertirse por la tarde! Razón tiene quien opina así, pero los resultados hablan solos: cada vez memorizan y olvidan, el aprendizaje no sirve de mucho. Ante eso se precisa de clases emocionantes, dinámicas y, si se puede gamificadas.

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¿Cómo afrontar temas complicados?

Es verdad que no todo lo que tenemos en nuestra programación es fácil de dar. Además, afrontamos un trimestre corto —al menos en mi centro en el que tomamos descanso en la semana de carnavales— y ya tenemos encima la segunda evaluación. Así que hay que proponer actividades motivadoras, que las trabajemos de manera más o menos rápida y no en todos los niveles, es fácil de afrontar. Un criterio con con cuatro estándares evaluables, con lo cual empiezo a darle vueltas y más vueltas a ver de qué manera lo enfoco.

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Jugar para evaluar, repasar y aprender

Nos encanta el juego. Cualquiera que sea nuestra edad nos gusta jugar. El problema del juego es que, con el paso del tiempo, dejamos de practicarlo y, por tanto empezamos a considerarlo como algo infantil o que hacíamos hace muchos años. Pero en cualquier momento que nos encontremos con una experiencia de juego, estoy convencido que nos atrae y nos gusta. Por lo tanto debiéramos integrar el juego en la enseñanza.

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