Nadie hablará de nosotros/as…

A comienzo de curso había muchísimo miedo. Al terminar el trimestre, la sensación es como de victoria, de un logro importante. Hemos llegado a la primera estación, sin demasiados problemas, salvo los que nos trae esta situación. Es verdad que ha habido contagios, es cierto que, cada cierto tiempo, nos llegaba información de familias que dejaban a sus hijos/as en casa por precaución, por haber tenido algún contacto y/o por contagio. Así, por tanto, esta entrada de hoy es para aplaudir a la comunidad educativa.

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Tiempo de calabazas

Llegó el momento de evaluar y, probablemente, cada año por estas fechas escribo alguna queja sobre las evaluaciones. No les veo mucho sentido. La suerte de este curso es que, debido a la crisis sanitaria, se hacen desde casa, lo cual es una buena noticia. No es lo mismo salir a las nueve de la noche del centro de enseñanza que estar ya en casa. No es lo mismo quedarte en el colegio durante horas esperando que te toque tu sesión que aprovechar para poner una lavadora, hacer deporte o despejarte durante unos minutos. Aún con todo, un momento especial de calificación no tiene mucho sentido.

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¿Empezar materia nueva antes de Navidad?

No lo veo. Nunca lo he hecho y, según los comentarios de compañeros/as no sirve de mucho. En algunos centros ya han celebrado las Juntas de Evaluación e, incluso, entregado las calificaciones. El planteamiento ahora parece obvio: ¿empezamos ya el siguiente trimestre? Se puede empezar administrativamente, pero en la práctica, si damos contenidos nuevos a la vuelta, tendremos que repasarlo, con lo cual, lo de ahora es tiempo perdido. Entonces ¿Qué hacer?

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Asertividad y firmeza

Escribo este primer párrafo según termina la clase. Finaliza la jornada y estoy algo sorprendido. En la clase anterior a la de hoy, con varios/as alumnos/as de ese grupo tuve cierta discrepancia. Al entrar en la clase me pedían ir al baño dos o tres personas. No se lo permití tal como pedían, salir todos juntos, sino que fueran de uno en uno. Se creó cierto mal rollo, pero me mantuve firme. Si querían ir al baño tendría que ser individualmente, con lo que más de uno ocupó su silla con malas maneras y contrariado. Hoy al entrar en la clase esos mismos alumnos/as me recibían con muy buen agrado, de buen humor, interesados y más participativos de lo normal. Lejos de crear un abismo, como mi actitud del otro día, se generó un buen rollo increíble. De ahí, mi sorpresa.

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