El próximo curso cerramos las puertas

Terminamos el periodo escolar con el claustro final y una de las novedades importantes para el próximo curso es que ¡por fin! Para algunos, podremos cerrar las puertas. Lo cual sinceramente me parece un retroceso. Pienso seguir manteniendo las puertas abiertas siempre que no moleste a la clase de al lado.  Abrir las puertas de clase me pareció uno de los avances maravillosos de la pandemia que para algunos resulta insoportable. 

En cierta ocasión visité un colegio en el que sus paredes eran de cristal o metacrilato, no sabría decir bien, pero vamos, transparentes. Me pareció sencillamente maravilloso.  La sensación de apertura, de alivio, de no estar encerrado en aquellas aulas me fascinó.  A eso, se le sumaba unos ventanales enormes en los que podía ver la naturaleza, me pareció, sencillamente un lugar espectacular para estudiar. 

Sin embargo, hay quien interpreta que las clases deben estar cerradas, por eso de la libertad de cátedra, para que nadie sepa lo que estamos diciendo, por miedo a no sé que… en realidad los motivos que han expuesto para que las puertas se cierren son dos:   Primero el ya nombrado de la intimidad de la clase —libertad de cátedra— o como queramos llamarla en la que cada cual se expresa y dice cosas que, sacadas de contexto por alguien que pasa por el pasillo o que escucha, podría suponer un problema y la otra razón por que los alumnos/as se distraen cuando pasan sus compañeros u otros profesores/as por los pasillos.  

Conclusión fácil: Si un alumno/a se distrae porque algo pasa por fuera es que lo que está dentro del aula no le está llamando la atención, así que el objetivo debería ser cambiar algo para que mi clase fuera más interesante y no se distrajeran con lo que sucede por fuera.  Además, me atrevería asegurar que el alumno/a que se distrae con lo que pasa en el pasillo, al cerrar la puesta le distraerá una mosca, un dibujo o cualquier cosa que suceda, porque lo que ocurre allí no le está resultando atractivo. 

Por tanto en lugar de cerrar y reducir todo los estímulos que tenemos en nuestro entorno para “obligar” a que el estudiante se centre en clase, démosle la vuelta a la propuesta para que sea al revés: lo que tenemos en clase es tan potente que cualquier estímulo externo no le desconcentra de lo que estamos haciendo. Ese ha sido mi reto. No siempre lo consigo, pero hay algunos momentos en los que sí.  

Lo que es obvio que nadie puede conseguir el 100% de atención el 100% del tiempo ¿entonces que hay de malo en algo de distracción si luego volvemos al trabajo? Apuesto por maravillosos espacios abiertos, como el de ese colegio que me fascina, con apertura de aula, de clase, de vida. No nos cerremos ni nos atrincheremos en nuestras aulas, como espacios cerrados, sino abrámonos a todo lo que ocurre en nuestro alrededor. 

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