Y otra vez los móviles…

En una nueva reunión de profesores salió el tema del móvil ¡Otra vez! Pero como resulta que había dicho en la entrada anterior que de la propuesta de gamificación, tendría otras muchas entradas y reflexiones, una de ellas es esta. Brevemente había dicho que me había sorprendido como la mayor parte de los alumnos/as dejaban sus móviles en clase para poder obtener ese punto más que nos da la gamificación que desarrollo en el aula. Pensé que sólo algún grupo lo haría. Sin embargo, esto debe llevarnos a una reflexión más profunda sobre el uso del móvil y sobre los castigos que se imponen en el aula.

El sempiterno problema de los móviles

La cuestión es que en esa reunión de profesores se volvía a pedir que se prohibiesen los móviles, que pedir un uso moderado no tenía sentido, siempre habrá quien lo usa inadecuadamente. Algunos lo ocultan entre las piernas o juegan en clase en las últimas filas. Y la solución que se han aportado van desde prohibirlos a poner inhibidores de señal que actuemos todos/as de manera contundente contra lo móviles, etc. etc…

Creo que, en primer lugar habría que sentar algunas premisas: La primera es que el móvil para un adolescente es como parte de su cuerpo —también para muchos adultos— Pero ellos se comunican, juegan, desarrollan gran parte de su ocio con estos dispositivos. La segunda es que prohibir, siempre es contraproducente. Todo lo prohibido nos gusta, nos llama la atención. Nos gusta saltarnos las reglas de vez en cuando ¿o no? La tercera es que el móvil, bien usado puede ser una buena herramienta de trabajo, siempre he sido partidario de dar una visión positiva y un buen uso a la tecnología. Quinta, los chicos y chicas se han lanzado al uso de estos dispositivos sin control, sin saber lo que sucede. Hasta el momento hemos llegado casi todos/as al mismo tiempo a usar las tecnologías y las familias no saben orientar bien sobre el uso de estos recursos y en clase tampoco.

Seguramente hay otras muchas consideraciones más, pero me quedo sólo con estas. Ahora viene la cuestión fundamental: Vale, dejo el móvil ¿pero a cambio de qué? ¿Qué voy a sacar dejando el móvil de lado? Centrarme en clase, aprender, trabajar, pueden ser cosas valiosas para un alumno/a motivado hacia el aprendizaje. Pero la mayoría nos despistamos en cualquier reunión o encuentro, en una formación o en cualquier actividad y tendemos a dar un paseíllo por nuestras aplicaciones. Por lo tanto, el enfoque que le di a dejar de usar el móvil en clase —sin saberlo— produjo un buen efecto. Los alumnos dejan el móvil porque van a conseguir algo. Un punto. No es mucho, pero casi todos están dispuestos a hacer ese esfuerzo.

Además, la decisión ha de ser consensuada. Es un acuerdo de grupo: Hoy dejamos los móviles y todos conseguimos un punto. Lo hablan antes de tomar la decisión. Por supuesto que no todo es maravilloso y siempre hay algún grupo que decide quedarse con el móvil y no conseguir ese premio. Cuando les invito a dejar el móvil también les doy un refuerzo positivo y me uno a ellos/as, comento que yo también me engancho a algunas aplicaciones y juegos, cualquiera puede engancharse. Pero al dejar el móvil, les aseguro que estamos siendo más fuertes y más valientes, porque somos capaces de sobreponernos a la llamadas, a las notificaciones, a los mensajes durante un rato, cosa que nos hace mucho más grandes.

Por tanto, la cuestión no está tanto en prohibir, sino en ayudar, en enseñar, en educar para un buen uso de la tecnología. Se trata más bien de ser más propositivos y menos prohibitivos. Hay que buscar alternativas divertidas, innovadoras, para conseguir grandes cosas en el aula, porque sólo con prohibir no basta.

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