La mayor parte de los problemas de convivencia por el móvil

No es una afirmación mía. La comenta una compañera, una de las responsables del equipo convivencia, al llegar a la cafetería. Proponía prohibir los móviles como solución, de manera especial en los primeros cursos de secundaria por el mal uso que le dan. Como ya saben me encanta la tecnología y las posibilidades que nos ofrece en positivo, por eso creo conveniente puntualizar algunas cuestiones sobre el móvil y los adolescentes.

Muchos problemas de convivencia se dan por el móvil

Lo primero es ponernos en contexto. Estamos hablando de chicos y chicas nacidos en 2009 mayoritariamente. En aquel entonces prácticamente no había redes sociales. Tengamos en cuenta que Facebook sale en español un año antes e Instagram empieza su andadura un año después ¿Por qué hago esta referencia? Básicamente porque la fuente de problemas son las redes sociales que nos da la sensación que han estado ahí siempre, pero son tan jóvenes como ellos.

La segunda idea es comprender que estos chicos y chicas se han lanzado al mundo de internet sin ningún conocimiento, casi sin control, sin ninguna referencia que les indique el camino, más que sus propios amigos o los influencer. Es para ellos y ellas como una selva a descubrir, de ahí que sea fuente de conflictos.

¿Por qué surgen los conflictos? A mi poco entender porque no diferencian bien la privacidad, lo que difunden y lo que no. Lo hacen desde la inocencia a veces, desde la venganza, otras y desde el desconocimiento casi siempre. Piensan que los contenidos sólo se ven por un grupo reducido de personas: sus amigos/as, no saben que casi todo es público en la red. Así hacen una foto o un comentario, sin mirar bien las consecuencias, porque entran en esa jungla creyendo que todo vale.

Desde las familias es probable que, por desconocimiento no sepan orientar adecuadamente a sus hijos/as. En otras ocasiones puede ser que tampoco se quiera afrontar, salvo si hay un conflicto grave. Así, la pelota queda campo del centro de enseñanza. Ciertamente reciben información y “charlas” en el centro, pero, bajo mi humilde opinión, son actividades puntuales, en ocasiones propuestas desde la autoridad: policía, guardia civil, que únicamente causan miedo, pero generalmente no verdadera sensibilización.

¿La solución? No es fácil. Deben aprender. Seguramente aprendan equivocándose o quizá sería interesante que alguien cercano: un profesor con quien empaticen o alumnos/as de cursos superiores bachillerato quienes de tu a tu, les expliquen bien los pros y los contras de las redes sociales y todos los conflictos que pueden surgir.

Para una verdadera reflexión: no son las redes sociales malos en sí mismas, sino que el problema está en el uso que hacemos de ellas. El ejemplo en casa es una clave a tener en cuenta: es difícil sensibilizar en el buen uso de la tecnología cuando las familias también han llegado a los dispositivos y se han quedado enganchados. Otra clave es la edad en la que acceden a estos servicios cuando no tienen la edad para poder abrir una cuenta, pero la tienen.

Para quitarle hierro al asunto tendríamos que pensar que en cierto modo, lo que sucede en las redes hoy en día, podría suceder hace años cuando alguien enviaba un papelito en clase en la que se nos difamaba, cuando había algún rechazo en el grupo por cualquier motivo. La única diferencia es que en aquel entonces no trascendía más allá del grupo y hoy se hace público.

En otras ocasiones he concluido y, lo sigo haciendo, en que la escuela tiene un papel fundamental en este caso. Ante unas familias que han llegado a la tecnología sin conocimiento ni información, es probable que no sepan, ni tengan herramientas, abordar este tema, porque la prohibición tampoco es una solución.

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