Tus clases no me motivan

Es una de las expresiones que he escuchado esta semana en las sesiones de evaluación. Los profesores y profesoras tienen que motivarnos para estudiar. Tienen que ser clases más motivadoras, más divertidas, más dinámicas. No suelo criticar las propuestas de los alumnos/as, más bien al contrario, aprendo mucho de ellas. Sin embargo la cuestión de la motivación, creo, a mi poco entender, que no depende sólo del docente.

Para el estudio hace falta algo de motivación interna

Es cierto que la clase magistral hoy en día no tiene ningún sentido. Especialmente para adolescentes acostumbrados a la multipantalla, con una capacidad de concentración mermada por la cantidad de estímulos que recibimos, es muy difícil mantener la atención durante un tiempo prolongado. Escribí hace tiempo sobre este tema y proponía como solución para dinamizar las clases, dividir las clases en, al menos tres partes de veinte minutos con actividades diferenciadas. En lugar de una única sesión, pensar en tres sesiones distintas que cambien, que despierten, que motiven.

Sin embargo, la cuestión de la motivación, según los expertos tienen una doble vertiente. Es decir, hay dos tipos de motivaciones: Una externa en la que podemos influir con premios, recompensas, éxitos —aquí también un super profe que prepare unas clases maravillosas— y otra interna en la que difícilmente podemos influir si la persona individualmente no quiere o no tiene ninguna intención hacia ese estímulo, si no le interesa o si le mueven otras cosas.

En el caso del estudio si no hay cierta motivación interna, difícilmente desde se puede influir desde fuera. Tiene que existir al menos cierta disposición hacia el trabajo en el aula. Siempre pido al comienzo de curso que haya cierta expectativa, que se dejen sorprender, porque si se viene a clase con prejuicios, pensando que todo es un rollo, que nada nos va a servir, que las clases son aburridas, hace que nuestra motivación interna desaparezca. Sin embargo, un poco de sorpresa, un poco de “vamos a ver qué pasa hoy”, posibilita que haya al menos un mínimo de interés o motivación.

En una de las sesiones de evaluación cuando la tutora leyó el informe de los alumnos en el que pedían más motivación por parte de los profesores, contestaba que también es necesaria cierta motivación por parte de ellos y ellas. Es imposible motivar desde la desgana y muchas veces parece que hay que estar empujando para realizar una dinámica, una actividad, etc. No es lo general, siempre hay alumnos y alumnas comprometidas que enseguida empiezan a trabajar, pero también hay un grupo a los que hay que empujar, mover, por lo que también sería necesaria cierta motivación. La motivación por tanto, ha de ser compartida: por unos profes que preparen unas clases más o menos interesantes y unos alumnos que nos vengan con algo de interés o con cierto deseo de sorpresa.

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