Desconecta en verano

No lo voy a negar, nunca lo he hecho. Una de las cosas buenas que tiene trabajar en el sector de la educación es el tiempo de verano. Es un tiempo de desconexión real, verdadero, maravilloso para recargar pilas. Es mucho —dicen algunos— ustedes sí que tienen suerte. Depende de cómo lo mires. Antes de ser profe, también creía que los/as docentes vivían como reyes, que iban daban cuatro o cinco horas de clase y se volvían a casa. Sin embargo, no es así. Y pongo un ejemplo práctico: ¿Sería usted capaz de ponerse delante de un grupo de personas, por pequeño que sea, cuatro o cinco personas a hablar durante una hora sin haber preparado nada? Seguro que no. Los profes dedicamos mucho tiempo, más de la cuenta, creo yo, a preparar cada una de las sesiones de clase.

Hay que desconectaren verano

Quien no sea consciente de ello, simplemente lo invito a que acuda a una clase conmigo y lo compruebe personalmente. No siempre he trabajado en educación, he tenido otros trabajos, en cuyo tiempo libre tenía muchísimos hobbies y cosas que hacer. Ahora, casi todo mi tiempo libre lo dedico a preparar clases, buscar recursos. Es decir, los diez meses de clase, se dedican íntegramente al trabajo. ¡Pero si tienen muchas vacaciones, en Navidad, carnavales, Semana Santa…! No son tantas. Es posible que durante las navidades se pueda desconectar algunos días, pero a partir de año nuevo —al menos esa es mi experiencia— ya se vuelve al trabajo, porque no podemos presentarnos el día primero de clase sin nada preparado. En una semana de Carnavales o Semana Santa, puedes desconectar dos o tres días, no mucho más.

Habrá quien siga diciendo que vivimos muy bien y todo lo demás, pero insisto, le invito a que se vengan a clase durante unas semanas, preparen las sesiones y luego hablamos. De cualquier modo, este texto no quería ser una justificación del tiempo de descanso de los docentes que creo muy merecido, sino para invitarles a desconectar realmente.

Tengo relación con muchos compañeros/as mediante sus perfiles sociales y, desde hace semanas, los veo publicando cosas en las que están trabajando para el próximo curso. No lo juzgo, su pasión y ganas de enseñar les lleva a desvivirse también en estos dos meses para hacer mejores sus clases cada día, sin embargo, no considero que sea bueno. Creo que hay que desconectar. Este periodo de verano nos viene fenomenal para salir, alejarnos, olvidarnos durante unas semanas del ambiente educativo. Es muy sano y muy necesario.

Hace semanas escuché una historia que me impactó y que nos ayuda a ver la necesidad de desconectar. En un delfinario, había un delfín muy travieso que se dedicaba a arrancar la silicona que unía los cristales por el que los visitantes los veían. Los técnicos habían tratado de disuadirles de todas las maneras posibles para que cesara en su actitud, con premios, castigos, pero no había forma. Se reunían todos los entrenadores y hablaban el tema en sus coordinaciones, aportaban ideas, proponían fórmulas, pero nada funcionaba. En una de esas reuniones, se comunicó la intención de sacrificar al delfín, porque no lo podían soltar en el mar, puesto que al llevar su vida en cautividad, no sobreviviría en el océano. Uno de los entrenadores, levantó la mano y les pidió algo de tiempo, para el tratar de buscar una solución ¿Qué propones? —le dijo el encargado— tengo un amigo que es adiestrador de perros, quizá el nos ayude. Todos se rieron y se burlaron, pero el encargado decidió darle una oportunidad.

El adiestrador de perros al ver la situación lo que hizo fue una terapia contraria que ya utilizaba con los canes. Cada vez que el delfín rompía la silicona le daba un premio. El delfín estaba más feliz que una perdiz, rompía silicona y había premio. Así durante días. Los compañeros y el encargado no hacían más que burlarse del adiestrador. Así durante semanas. Cuando pasó determinado tiempo. El delfín arrancó la silicona y no hubo premio. Se extrañó. Al día siguiente lo mismo y se empezó a premiar el gesto contrario, que no la arrancara y así dejó de empecinarse con la silicona y no tuvieron que sacrificarlo.

Este cuento nos quiere enseñar que a veces, como los entrenadores y los adiestradores están tan metidos en su trabajo que no se les ocurren ideas creativas, diferentes, nuevas que puedan solucionar o mejorar un problema. Así, es necesario buscar a alguien externo a nosotros/as. Lo mismo nos puede suceder a los docentes. Estamos tan metidos en nuestro trabajo, en las clases, en buscar recursos, en mejorar cosas que no tomamos el tiempo necesario para ver con otras perspectiva lo que ha salido bien o mal.

Aprovechemos el verano para ser como el adiestrador de perros, que al no estar contaminado con el trabajo diario de la enseñanza, es capaz de proponer ideas nuevas, nuevos modelos, formas, que generalmente, en el agobio del día a día es imposible ver. Desde mi experiencia, les confieso que en septiembre he vuelto con un puñado de ideas nuevas y creativas, aprovechando esa maravillosa desconexión del verano. Aprovechemos para desconectar, para relajarnos, para conectar con nosotros mismos y aportar nuevas y maravillosas ideas a nuestra increíble y genial vocación.

2 comentarios en “Desconecta en verano

  1. ¡Eso eso! ¡Y también para salir a pasear y encontrarse con personas que pueden ser impulso de nuevas ideas! Desconocidos que pueden llegar a ayudarnos a fomentar nuestra creatividad, aún en circunstancias inesperadas, ¡historias que incentiven nuevas opciones! Quién sabe, el sólo hecho de observar cómo un pájaro construye su nido nos puede ayudar a imaginar alternativas nuevas, a considerar perspectivas nuevas.
    ¡Y además, qué bien merecido tienen un buen descanso luego de tanto esfuerzo! A juntar energía, a llenarse de alegría, cariño de los seres queridos, paz!!
    Que en tus descansos estimado Jesús puedas disfrutar de una gran armonía.
    Bendiciones y que andes bien!!!

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    • Gracias. Ya estamos casi a punto de empezar de nuevo, espero que tengamos las pilas estén cargadas. Las mías desde luego que si. Bendiciones grandes para ti también. Gracias por leer. Abrazos

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