El curso que no conocí a mis alumnos

Terminamos el curso en el que no conocí a mis alumnos. Es verdad que no tengo demasiada carga horaria, pero recordaré estos meses de clase por no reconocerles debido al uso de las mascarillas. Hemos tenido que dar clase a un grupo de ojos y, a partir de ahi tratar de intuir si seguían la clase, si sonreían, si se asombraban, se emocionaban o se enfadaban. Por eso, este curso ha sido complicado no sólo porque hemos tenido que lidiar con la dificultad de hablar y comunicar con algo que nos tapa la boca, sino además no poder ver la receptividad en el alumnado por llevar gran parte del rostro cubierto.

Termina el curso en que no conocí a mis alumnos Jesús Marrero

No me opongo al uso de la mascarilla, ni mucho menos, sino que al terminar el curso, me quedo con esta reflexión: no he podido conocerles. Es más, en alguna ocasión al verles el rostro en la cafetería desayunando, me he sorprendido enormemente, eran desconocidos.

Es verdad que en este año, en que no he conocido a los estudiantes, especialmente a los chicos y chicas de primero de secundaria, por ser nuevos en el centro, han mostrado un comportamiento ejemplar. Ha sido absolutamente maravilloso su actitud ante la situación que hemos vivido. Me atrevería a decir, sin tener los datos en la mano, que en el centro no se produjeron contagios. Tengo entendido que, cuando algunos se quedaron confinados, fue por contactos fuera del centro.

A principio de curso había muchísimas dudas. En las reuniones de profesores alguien preguntaba ¿Qué hacemos si no se quieren poner la mascarilla, nos convertimos en policías? ¿Habrá sanciones en el centro cuando no se cumplen las normas sanitarias? Pero pasó el tiempo y, salvo algún caso aislado, se respetaban las normas, se cumplían los horarios y los lugares por donde caminar y desarrollar su recreo. Es cierto, no nos engañemos que, en los últimos días, nos hemos relajado bastante, seguramente por la sensación del deber cumplido, de la tarea bien hecha. Pero no me cabe ninguna duda que el balance de curso ha sido muy positivo, aunque no los haya conocido este año a todos mis alumnos/as.

Seguramente, si ahora me encuentro a algún alumno/a en la playa sin mascarilla, me costará reconocerlo/a, pero me queda la satisfacción por el trabajo bien realizado. Me queda la alegría de haber terminado un curso sin aplausos ni vítores, pero con una enorme felicidad del deber cumplido, de la gran implicación de profesores y equipo directivo, de los/as alumnos/as, del trabajo bien hecho.

No puedo dejar de nombrar al equipo de limpieza del centro, que han desarrollado un trabajo titánico en cada jornada para tener las aulas siempre en las mejores condiciones. Un trabajo anónimo pero tremendo. Tan anónimo y tan tremendo como el de los profesores y profesoras que no han recibido aplausos en los balcones, que han ido a trabajar, cuando otros cuerpos de funcionarios seguían teletrabajando, que se han arriesgado y dado la cara, por lo que tanto aman: enseñar, ayudar a nuestros alumnos y alumnas, aquellos/as a los que no he conocido bien este año.

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