Díselo en la cara

¿Cuántas veces salimos frustrados de una clase? ¿Cuántas veces nos vamos a la cafetería o la sala de profesores del centro a compartir nuestras penas de algo que nos ha pasado con un grupo? ¿Cuántas veces llegamos a casa cansadísimos porque no hay manera de hacer que un grupo funcione, por más ilusión que le ponemos? O ¿Cuántas veces nos sucede que preparamos una clase maravillosa y por cualquier razón los alumnos/as nos la tumban sin miramiento?

Seguro que a todo esto, cualquier docente responderá muchas, muchas veces. La solución es muy sencilla: díselo en la cara, porque ¿De qué nos sirve irnos lamentando por las esquinas de todo lo que nos sucede? No sirve de nada, especialmente porque por muy mal que ellos/as nos lo pueden hacer pasar, lamentarse no es una solución, maldecirlos, tampoco, porque no va a servir de nada, entre otras cosas, porque no se van a enterar. Estamos llegando a final de curso y se nota, el buen tiempo, la primavera, las ganas de concluir un curso complicado, hace que los chicos y chicas, estén algo más alborotados. Pero si la clase no funciona: díselo, díselo a ellos, en su cara

Háblalo claro, habla con ellos/as

Me ha pasado con algún grupo. Preparo algo que considero maravilloso, con juegos, interactivos, hacer una composición creativa y me la tumban. Apunto en la agenda lo que ha sucedido y lo pongo como tarea pendiente para mirar en la próxima clase. Claramente, sin tapujos, sin callar nada se habla. Mi forma de actuar en estos casos es llegar a clase, preparar todo como de manera habitual. Luego cuando está todo listo me sitúo en el centro de la clase, en silencio y espero a que el grupo también esté en silencio y prestando atención. Entonces abiertamente hago un análisis de lo ocurrido.

No doy un una bronca. Ni elevo la voz, porque al menos a mi, cuando me gritan se me cierran las orejas. En un tono normal y sosegado, comento lo sucedido: “Entiendo que estamos llegando al final, que ha sido un año complicado, que tenemos buen tiempo y estamos más alegres, dinámicos/as, pero no me parece bien que no estemos trabajando o que no estemos trabajando tanto.

Siempre hago hincapié en que no hablo de ello con el tutor o la tutora del grupo, ni siquiera con otros compañeros. No hago comparaciones con otros grupos del mismo nivel, sino que se los digo a ustedes en la cara, para tratar de buscar una solución. Y generalmente llegamos a un acuerdo, para que todos estemos más felices en clase… y funciona.

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