Tiempo de calabazas

Llegó el momento de evaluar y, probablemente, cada año por estas fechas escribo alguna queja sobre las evaluaciones. No les veo mucho sentido. La suerte de este curso es que, debido a la crisis sanitaria, se hacen desde casa, lo cual es una buena noticia. No es lo mismo salir a las nueve de la noche del centro de enseñanza que estar ya en casa. No es lo mismo quedarte en el colegio durante horas esperando que te toque tu sesión que aprovechar para poner una lavadora, hacer deporte o despejarte durante unos minutos. Aún con todo, un momento especial de calificación no tiene mucho sentido.

No tiene sentido para los/as estudiantes. En estos días no paran de preguntar ¿Nos das las notas? ¿Qué nota saco? ¿Me va a quedar tu asignatura? Por los pasillos en las clases, en todo momento se repite la misma pregunta de distintas formas. ¿Se resume todo a una nota? La otra sensación triste viene de la mano de los apuros finales ¿Qué hago para recuperar? ¿Te entrego el cuaderno? ¿Cómo subo nota? Son otra tanda de preguntas que plantean sin cesar los/as chicos y chicas. Por tanto la cuestión es ¿Qué pasó con el proceso? ¿Qué pasó en el camino? Todo se olvida y se reduce a una calificación numérica. Creo que lo importante no es sólo el final, la evaluación, la nota

En algunos grupos de clase, cuando sale el tema, confieso que no me gusta este momento. No creo en las evaluaciones en tres momentos durante el curso. Es cierto que alguna herramienta hay que utilizar para superar curso, asignatura y todo lo demás. Pero la evaluación debería ser continua. Así es mi forma de calificar. Hago un resumen de todo lo trabajado hasta el momento. Una valoración que la puedo hacer en diciembre, en noviembre en mayo o en febrero. Sería exactamente igual. Mirar lo que hemos trabajado y hacer un resumen. Esa es una evaluación.

La otra parte de la evaluación que no me convence es el etiquetado a que se somete a los alumnos: este es bueno, este no, este estudia, este no trabaja. Las juntas de evaluación actuales no tienen demasiado sentido. Generalmente las notas están puestas y se hace un repaso de cada estudiante y sus situaciones particulares. Únicamente, cuando tiene algo de utilidad es a final de curso, cuando se decide o no la promoción o titulación. Las juntas debaten si debe o no titular o promocionar. Hay debates intensos e interesantes. Pero, la actual forma, como simple repaso de calificaciones y balance de suspensos y aprobados, no parece la más adecuada.

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