El curso parece no haber terminado. Circulan muchos mensajes de preocupación en chat y foros de docentes. ¿Cómo será el curso que viene? ¿Cómo serán las medidas de seguridad? ¿Llevaremos mascarillas? ¿Tendremos material de autoprotección o nos los darán en nuestro centro? ¿Se expulsará a un estudiante por no llevar mascarilla? ¿Podrán salir al pasillo? ¿Como serán los recreos? ¿Compartirán el desayuno y la cafetería? ¿Cómo será el transporte? ¿Y las actividades extraescolares?

No se trata de preguntas inventadas al al azar, sino preocupaciones reales por el curso que comienza. En canarias, por ejemplo ni siquiera sabemos cuando comienzan las clases. Algún comunicado dice que se hará publico la semana que viene con algunas instrucciones de principio de curso. Por tanto, la incertidumbre convive con nosotros/as este verano. No estamos nada tranquilo. Y la viñeta ilustra perfectamente esa preocupación. Especialmente cuando además, hay lugares del territorio nacional con mascarillas obligatorias, personas nuevamente en confinamiento. No estamos tranquilos. No.

Sin embargo, siempre he creído que el bienestar personal del docente es fundamental. No podemos ser buenos profesionales, buenos/as docentes si estamos agobiados y preocupados. Por tanto, aunque parezca algo difícil de conseguir con tanta incertidumbre, deberíamos vivir el momento. Disfrutar del ahora. Tanto cuando estamos en el aula como fuera de ella. Cuando compartimos ese espacio con los/as estudiantes es fundamental estar allí, estar con ellos/as. Atentos a lo que nos comunican con sus palabras y expresiones. No se puede ser un buen docente si durante la clase estamos pensando en que toque el timbre cuanto antes, en las cosas que haremos por la tarde o si tenemos una cita importante cuando salgamos del centro. Hemos de estar allí. Presentes en ese momento.

Lo mismo debiera suceder ahora en vacaciones. Vamos a disfrutar de este momento que nos corresponde ahora. Desconectemos de verdad. Porque probablemente se avecina otro curso diferente, con una vuelta a la normalidad diferente, donde todavía hoy no se sabe siquiera, como va a ser. Invito a dejar los agobios vacacionales. Disfrutemos ahora, del momento, tal como debiéramos hacer cuando estemos en clase. Ya habrá tiempo para responder a todas las preguntas que hacíamos al principio. Además, con preocuparnos, no vamos a solucionar nada, sólo impedir disfrutar del momento presente.