Seguramente, si buscamos en la historia de este blog, encontraremos cada año, por junio, alguna entrada hablando de las famosas “competencias”. Algo que me da la impresión que los profes no evaluamos demasiado bien y, que las familias no entienden demasiado. Es probable, por tanto, que seamos incompetentes.

Cada final de curso llego a la conclusión de que algo no estamos haciendo bien cuando hay poco acuerdo en la dispersión de las calificaciones, la falta de acuerdo y la facilidad con la que se cambia una decisión en medio de una sesión de evaluación.

Habría que tener claro, antes de nada, qué son las competencias. Según el Ministerio de Educación las competencias son un “saber hacer” que se aplica a una diversidad de contextos académicos, sociales y profesionales. Para que la transferencia a distintos contextos sea posible resulta indispensable una comprensión del conocimiento presente en las competencias y la vinculación de este con las habilidades prácticas o destrezas que las integran. Bonito pero poco claro.

Personalmente entiendo la competencia como una habilidad. Como dice el enunciado de la definición del ministerio, un saber hacer, que califica cada profesor según su criterio, por lo que ha visto y observado en ese alumno/a. Sin embargo, mi calificación competencial sale de un estándar de evaluación o de un criterio, según se recoge en la programación, por lo tanto no obedece a una observación de un saber hacer, sino que se vincula a otra calificación… y creo que así lo hacemos casi todos, con lo que poco cambia con respecto a una calificación independiente de lo que se evalúa tradicionalmente. 

El otro problema que plantea las competencias es la dispersión en su evaluación. Me he quejado muchas veces de eso. No entiendo como es posible que un alumno pueda ser calificado por tres profesores con notas de Poco Adecuado, Adecuado y Muy Adecuado. Si hablásemos en números significaría que uno ha puesto un suspenso, otro un un suficiente o bien y otro un notable. No parece muy lógico, que hablamos de la misma persona, competencialmente. ¿Por qué sucede esto? Sencillamente porque ese alumno/a conmigo si trabaja y con otros docentes no.  Al no evaluar competencialmente, sino que la nota sale de los criterios, suceden esas cosas. 

Un inconveniente más, es que hay dos competencias la (CLL) Competencia en Comunicación Linguística y la (CMCT) Competencia Matemática y Competencia básica en Ciencia y Tecnología sobre la que tienen un dominio casi absoluto Lengua y Matemáticas, donde el resto parece que no tenemos nada que decir, cuando, precisamente, son dos aspectos básicos sobre los que todos/as debemos opinar, porque son las que usamos en nuestra vida cotidiana con mayor asiduidad. 

Termino esta reflexión competencial recordando que no suelen existir reclamaciones de competencias. Es decir, ninguna o casi ninguna familia o estudiante pide la revisión de una calificación competencial, mientras que sí existen muchas por la calificación numérica. Por tanto, probablemente, lo que importa, sobre todo es el número. El resto, me da la impresión que tiene poca validez. ¿Somos incompetentes?