Generalmente etiquetamos a los más jóvenes de muchas maneras. Creemos que son … y, en los puntos suspensivos añadimos calificativos despectivos. También esta idea podemos extrapolarla a los niños. Dicen algunos que son inquietos, molestos, egoístas y consumistas. Sin embargo considero que los jóvenes, los niños son personas y, antes de darle cualquier calificativo tendríamos que mirarnos a nosotros mismos. Porque el calificativo que les daría es que los jóvenes, niños, adultos, personas, son un reflejo nuestro.

Esta semana hemos estado trabajando la confianza en 2 ESO. Introducido con el corto “Cuestión de fe”, trabajamos la fe y la confianza. Tras ver el video, definimos la fe y la confianza, como elemento natural a la persona. Necesitamos confiar en la familia, en los amigos, en las personas que nos rodean. No confiar nos convierte en personas hurañas, aisladas, sin capacidad de relación porque precisamente la confianza es lo que nos permite establecer relaciones estables y duraderas.

La clase es introductoria sobre este tema. Así que en primer lugar hacemos una definición de fe. Seguidamente, trabajamos el término confianza. Para partir de su realidad, la pregunta es obvia: ¿En quién confías? Y las respuestas son muy interesantes. Pensamos que la familia ha dejado de ser importante pata los adolescentes, pero sigue siendo un pilar fundamental para su vida, tal como muestra la lluvia de ideas que hacemos en la pizarra y de la cual hago captura de pantalla.

A veces tenemos muchos prejuicios sobre los jóvenes, con los niños, con los mayores. Es que estos jóvenes son… Tener esos prejuicios nos impide ver la grandeza de sus corazón. Esos prejuicios vienen también por nosotros mismos. Si desconfiamos, se creemos que los jóvenes son tal o cual cosa, no le damos la oportunidad de mostrarnos lo que realmente son o sienten.

No digamos nunca este niño es… este joven es… porque automáticamente lo estamos anulando, impidiéndole crecer y desarrollarse al etiquetarlo en un perfil determinado. Hay una frase que aprendí hace muchos años y que no olvido. “Yo no soy… sino que voy siendo” esta idea es aplicable a cualquier persona que le permite cambiar, evolucionar, decidir lo mejor para su vida.

Los jóvenes confían igual que nosotros, tienen esperanzas, sueños, anhelos como cualquiera. Si los marginamos porque empiezan a romper con las estructuras, que es una parte fundamental de su desarrollo, seguramente nos alejaremos más de ellos. Seamos capaces de escuchar, comprender y valorar todo aquello que los jóvenes, niños, ancianos nos pueden aportar.