Terminó el campus de Verano y por tanto toca hacer balance. Embarcarse en una actividad de estas características siempre tiene su ventajas y sus inconvenientes. A la hora de hacer balance, evidentemente, nos da positivo. Sin no fuera así, no habríamos repetido durante seis años consecutivos esta actividad gratuita para los vecinos de nuestro barrio. 

el campus, los jóvenes y su ocio jesus marrero

Los balances se hacen teniendo en cuenta lo positivo y lo negativo. Empiezo por lo malo, que suele ser bastante poco. Me gusta siempre ver el lado bueno de las cosas.  Fundamentalmente lo negativo, suele ser la falta de voluntarios que nos ayuden en nuestra labor. Por el campus pasaron 39 niños/as y para atenderles había relativamente pocas personas. Siempre pedimos voluntarios y nos llega alguno, pero no es suficiente. Durante este campus dos de los voluntarios tuvieron que ausentarse por diferentes motivos y la situación era bastante caótica para atender a tantos niños. El resto son dificultades menores de coordinación en cuanto a las peticiones que se hacen a otras instituciones que no llegan a tiempo, hay que esperar, burocracia, permisos, limpiezas, etc. Son detalles menores, en comparación con la necesidad de voluntariado, con los que, además, ya estamos acostumbrados a lidiar. 

Lo positivo, lo bueno, son muchas cosas. Especialmente me quedo con la fiesta final en la que participan niños y familias. Es muy grande. Nos reunimos para comer todos juntos. El ayuntamiento nos proporciona unas actividades lúdicas con castillo hinchable y manualidades, hacemos juegos. Una jornada increíble que siempre pone el broche de oro y que nos deja ese gran sabor de boca para volver el año que viene. El cariño de los niños y sus familias agradecidos por ese ratito que cada día compartimos durante el verano. ¡Cuanta alegría! También me quedo con la posibilidad de ofertar a los niños y niñas una manera distinta de aprender y jugar. Es el objetivo fundamental del campus de verano. Aprender no tiene porque ser aburrido. Podemos resolver problemas juntos, ayudándonos, colaborando, podemos ver que lo que aprendemos tiene una aplicación práctica para elaborar un cuento, un mensaje publicitario o una noticia. También podemos ver que las “mates” nos ayudan para hacer cálculos que nos sirven en la vida real. Por su parte vemos que el deporte no tiene porque ser competitivo, podemos jugar, divertirnos, compartiendo con nuestros compañeros y con los contrarios. Son aprendizajes muy grandes para nuestra vida.  Me quedo con eso. 

No se puede pasar un verano ocioso. Este es la idea original con la surge el campamento urbano de verano de San Juan. Hay quien tiene la idea de que, como sus hijos han aprobado todo, no deberían hacer nada en verano. Así, el sustituto de las clases durante la época estival es alguna pantalla: móviles, consolas, televisión, videos… Recuerdo un profesor, que a principio de curso, tras el verano y vacaciones de navidad, preguntaba a los estudiantes qué libros habían leído. A quien le decía que no había leído nada, le daba una mirada de muy pocos amigos. Creo que si en su mano estuviera, lo expulsaría de su asignatura. Sostenía, con un gran discurso, que un estudiante o graduado universitario no podía permitirse el lujo de no leer y seguirse formando. Por tanto, el campus de Verano concluyó, esperando haber cumplido con esa expectativa: Hacer cuentos, narraciones, pensar y no pasar tres meses sin hacer nada de nada. Estoy de acuerdo con el profesor, no se puede pasar un verano ocioso. 

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