Tengo la sensación de que cuando fuimos pequeños no nos ayudaron a describir. Señalábamos y automáticamente alguien nos alcanzaba lo que pedíamos. Sin ir más lejos, mi madre tenía una frase absolutamente maravillosa y simpática que no describía nada: “Tráeme aquello que está encima de allí”. Dependiendo de lo que estuviera haciendo intuíamos lo que nos podría estar pidiendo. Lo más gracioso, sin duda, era cuando le llevábamos algo que no era lo que pedía y te soltaba: “pareces bobo”. Tremendo..

profe jesus el arte de la descripción

Un flaco favor le hacemos a los bebés cuando no le ayudamos en su vocabulario. O sea, cuando señalan algo y automáticamente se lo acercamos. En mi trato con los bebés, cuando piden algo señalando, siempre va acompañado de su nombre. ¿Qué quieres el agua, el juguete… ? Y así sucesivamente.

Todo esto viene a cuentas porque esta semana en el campus hemos jugado a describir cosas. La actividad es muy sencilla y divertida. Se coloca en la pared o pizarra uno o varios dibujos o imágenes y los estudiantes tienen que describirlo sin nombrarlo. Les pedía a los mayores que, al menos lo describieran en cinco líneas. Pero les costó horrores. Finalmente les ayudé para hacer la descripción con algunas preguntas guía: ¿Color, quién lo fabrica, dónde se encuentra, para qué sirve? Y así pudieron hacer algunas descripciones.

Hay muchos estudiosos del lenguaje que aseguran que el uso de mayor número de palabras, saber describir con facilidad, usar sinónimos, nos hace personas más competentes. Atribuyen, incluso, el desarrollo del lenguaje a mayor alto grado de capacidades. Así, quienes tienen dificultad para el aprendizaje, tienen grandes problemas para describir y escribir bien. Quizá un buen ejercicio sería el uso de las descripciones que hemos hecho esta semana en el campus de verano. Puede que no esté desencaminado el hablar con los bebés ayudándoles cuando nos piden el agua, la comida, ir a algún sitio. Observo, además, que con el uso de las tecnologías, nuestros bebés son más espectadores del aprendizaje. Es decir, lo ven, pero no lo ponen en práctica. Se conforman con ver a otros niños y niñas jugando.

Nos volvemos vagos en el uso de palabras. Cada día reducimos, por comodidad lingüística el número de descripciones. No leemos demasiado y así, vamos perdiendo seguramente la riqueza de nuestro aprendizaje. Acomodarse y decir “tráeme aquello que está encima de allí”, no facilita ni mejora nuestra competencia lingüística, sino que la entorpece. Por tanto no nos acomodemos ni acomodemos a los niños en el uso de pocas palabras. Ayudemos a describir y preguntemos ¿Qué es lo que pides?