Recuerdo hace años que, entrar con una pantalla en clase, era lo más vanguardista que podía existir. Algunos osados profesores tiraban de un carro por los pasillos sobre el cual viajaba una televisión de grandes dimensiones y un video que eran la sensación de los estudiantes. Luego, con el tiempo, las clases se fueron poblando de estores con blancas  pantallas sobre las que se proyectaban imágenes. El profesor entones cargaba, a veces, con un proyector, ordenador y altavoces… La fiesta era inmensa cuando te veían aparecer con aquellos artilugios en clase. Hoy ya no es así.

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Hoy casi todas las clases disponen de sistemas audiovisuales que ya no conectan con los muchachos y muchachas. Aquella idea que algunos plantean de «vamos a ver un video para luego trabajarlo…», aunque sea de corta duración (10 o 15 minutos) no sirve. Tenemos en las clases a una generación multipantalla. Estudiantes que están acostumbrados a trabajar habitualmente con dos pantallas: tele y móvil, ordenador y móvil, o también móvil y consola de juegos. Además, creo que se trata de  una generación «pop-up», donde su atención se concentra en pequeños de detalles y muy poco tiempo.  (Aclaro, por si no conocen el termino, que el pop-up son esas ventanas emergentes de publicidad que nos aparecen en nuestra navegación habitual).

¿Eso es malo o es bueno? No creo que tenga que ser blanco o negro. Simplemente es diferente. Los docentes y los educadores tenemos que adaptarnos a esas circunstancias. Por ejemplo, ver un documental o una película en el aula, seguramente hoy es un disparate. Ver un fragmento breve, de cuatro o cinco minutos, para trabajarlo puede ser una propuesta interesante. Por ello, si quiero ver una película, no estaría mal acudir a un cine cercano o a un aula diferente del centro adaptada (salón de actos o audiovisuales). Entonces ¿qué hacer?

Hay muchos teóricos que han publicado, con mucha precisión y detalle, que las clases de 45 o 55 minutos hoy en día son inviables. Entendiendo esas clases como una sesión que empieza a trabajarse una actividad y durante toda la clase se hace lo mismo: tal como leer, hacer ejercicios, corregir… Hoy dentro de la sesión de clase, hay que insertar pequeñas micro clases o pequeños espacios diferentes y de poca duración. Habitualmente en mis sesiones, hay tres o cuatro espacios. Cometí el error de recuperar durante esta semana, una actividad a partir de un documental de 15 minutos, que ha resultado ser un poco desastre y, por eso viene esta reflexión. Algo que era válido hace tres o cuatro años, hoy resulta un ladrillo.

Por tanto, preparemos nuestras clases para la generación «pop-up» a base de muchas ventanas emergentes, de distintas actividades que los cambien de sitio, que nos conecten, que nos hagan trabajar en grupo, salir a la pizarra, debatir… etc. Nuestros estudiantes no son como nosotros que aprendimos a tener la capacidad de permanecer sentados y con mayor o menor capacidad de concentración cuando nos explican un tema. Los chicos y chicas de hoy en día, necesitan muchas ventanas, muchos focos sobre los que dirigir la atención de manera breve e intensa. Habrá, por tanto que pensar seriamente cambiar la metodología.