Llega el final del trimestre y es momento de poner calificaciones. No me parecen adecuados ni agradables estos momentos de exámenes por el estrés que generan, tanto en alumnos como en profesores. Los alumnos, esta demostrado que, cada vez más, memorizan para un examen que luego olvidan inmediatamente. Hace unos años aprendí un sistema de evaluación cooperativo en parejas que me encanta, que llamo el reloj de las citas.

De evaluar con el reloj de las citas, recuerdo con cariño una anécdota súper simpática. El primer momento es bastante ruidoso, tal como explicaré después. Resulta que, en medio de ese jaleo inicial, tocan en la puerta y entra alguien del equipo directivo, buscando a un estudiante. ¿Puede salir Fulanito? —pregunta—, Si no es por mucho rato, si —le respondo—, porque estamos haciendo un examen. Tenían que haberle visto la cara, era un poema.

Con este modelo de evaluación, se ayudan, cooperan y, sobre todo, ponen lo que realmente saben. En los exámenes «formales», cómo ya dije, ponen lo memorizado que olvidan al terminar el ejercicio. Con el examen de las citas, pido que pongan todo lo que sepan, que no contesten con una sola frase, ya que el tiempo para responder es limitado. Por tanto, contestan mucho, en algunos casos más de un folio en alumnos de 12-13 años.

La evaluación de las citas es muy dinámica. En una primer momento, tenemos que llenar nuestra agenda con citas durante 12 horas. Utilizó un reloj circular para que vayan añadiendo a las personas con las que quedan en cada hora. Les voy diciendo, queden con alguien a las 2. Y buscan a alguien del grupo con quien quedar a esa hora, luego a las cinco… y así hasta completar el reloj totalmente. Cuando está lleno empezamos a responder las preguntas.

Aleatoriamente les digo: busquen a la persona con la que quedaron a las siete. Siéntense con ella y vamos a responder a la primera pregunta y se las proyecto en la pizarra junto a un cronómetro de dos minutos en cuenta atrás. Cuando termina ese tiempo, les pido que busquen a a la persona con la que quedaron a otra hora y respondemos a la segunda pregunta. Y así hasta completar las preguntas.

Para que la actividad salga bien hemos de tener en cuenta algunas cosas importantes que he ido aprendiendo con el uso de esta herramienta. Lo primero a poner las preguntas claves vinculadas a los estándares que estamos evaluando en primer lugar. La razón es muy sencilla: es probable que no nos de tiempo de responder a todas las preguntas en una hora de clase; por tanto, si se nos quedan preguntas sin terminar que no sean cuestiones claves. Además, evalúo cada pregunta de manera independiente (de 1 a 10) y luego hallo la media. Esa forma de evaluar se la explico a los estudiantes. Les digo que si me contestan con una o dos palabras tienen un uno, si ponen algo más, un dos… animándoles, especialmente, a justificar su respuesta.

Este examen—juego, tiene otras normas, como que no se puede quedar con la misma persona, siempre que la clase sea numerosa, claro; no se pueden copiar entre parejas, para eso este curso quité la disposición en grupos en el aula. Y puse toda la clase en parejas y, hasta que todas no estuvieran bien colocadas en clase, no les comunicaba la pregunta.

Puede que para algunos no sirva este modelo de evaluación. Pero personalmente lo considero válido, aunque no es el único. Durante el trimestre he ido poniendo muchas pruebas vinculadas a los criterios estándares. Esta prueba final me sirve para añadir al resto de notas, para que repasen y recuperen alguna parte que no hayan terminado. Además, como no les da tiempo de buscar en apuntes o internet, contestan lo que realmente han aprendido, algo que valoro más que tener una gran memoria.

Anuncios