Esta, ha sido una semana extraña. La fuga de san Diego y una convocatoria de una huelga estudiantil han marcado unas jornadas diferentes en la enseñanza. La fuga de San Diego, para quien no la conozca, es una tradición que se originó por parte de estudiantes en La Laguna que, queriendo visitar al santo en su día, chocaron con el profesorado que no lo quería permitir. Así que, de manera generalizada, faltaron a clase para acudir a esta cita con el santo. La huelga estudiantil tenía como base dos protestas: en contra del machismo en las aulas y pidiendo una asignatura de educación sexual.

profe jesus no paro de aprender

Cuando me hablaron de la huelga estudiantil, no conocía muy bien los motivos, así que me puse a investigar. El día anterior, en un foro de profesores, un compañero se interesaba por esa convocatoria. Entre el diálogo me llamó la atención la propuesta: «Se trata de un momento privilegiado para hablar de estos temas con ellos». Es verdad que no todos van a la huelga y siempre asisten algunos a clase. Así que aquella aportación en el foro, me sirvió para un dialogo genial con las estudiantes, especialmente, de bachillerato.

Les planteé algunas preguntas en relación a los motivos de la huelga y si detectan actitudes machistas en el día a día en el aula. Fue un debate super productivo, ya que éramos pocos, entre diez y quince, pudieron hablar todos. Fue, sin duda uno de esos maravillosos momentos en los que se aprende muchísimo escuchando, especialmente a las chicas.

Les confesé que ignoraba que se diesen situaciones de machismo en el aula. Es así, porque supongo que delante de los profesores los comentarios no son los mismos, la actitud tampoco y, en general no se dan situaciones ni actitudes de ese tipo o, al menos, insisto, yo no las detecto.

Ellas, las chicas, me comentaron que especialmente les hacía sentirse mal, el hecho de que las juzguen por su forma de vestir o de ser. No está bien que por la apariencia se nos tache de «zorra» o «puta» —sentencian con dureza—. A veces, me contaron, se hacen muchos comentarios fuera de lugar que degradan a las estudiantes. Comentarios que no escucho o que los profesores no escuchamos porque se pronuncian en foros en los que no estamos presentes.

Solo hay una solución. Denunciarlo, gritarlo, enfrentarlo en voz alta y clara: NO TE PERMITO ESE COMENTARIO. Y, para los que hacen ese tipo de comentarios, no les vendría mal una dosis de empatía ¿te gustaría que, eso que dices, te lo dijeran a ti? Sin duda, nos queda mucho que enseñar, mucho que avanzar en algunas cuestiones que, sinceramente, daba por superadas.

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