Estoy convencido que la enseñanza no es meramente una transmisión de conocimientos. Aprendemos no sólo con lo que se nos dice, sino con lo que hacemos, cómo lo hacemos y, creo que de manera especial con el juego. Como ya he dicho en entradas anteriores el Campus de verano es un espacio apropiado para aprender jugando. Otra clave del campus este año ha sido dar mayor protagonismo a los participantes, donde el docente se escabulle entre los muchachos para que ellos busquen soluciones a los problemas o retos que se les plantean.

profe jesus acertijos

El verano pasado jugamos a los acertijos. Les encanta. Se les planta como un reto que deben resolver y solucionar. Una especie de desafío al que se enfrentan jugando y probando. El curso pasado yo les planteaba los acertijos y ellos debían resolver individualmente. Este año la técnica es diferente. Supongo que porque vamos madurando y comprobando que es mucho mejor que ellos sean los verdaderos protagonistas.

El juego de los acertijos lo he planteado dando a cada uno un grupo de cinco acertijos. Están dispuestos en parejas generalmente. Cada pareja debe resolver esos acertijos en un tiempo de 15 minutos. El profesor durante ese tiempo se pasa entre los grupos, ayuda, resuelve dudas y corrige si es necesario para que los resultados sean los correctos. Al saber que tienen un tiempo limitado y que los acertijos les desafían para buscar una solución, trabajan con verdadero interés y motivación.

Una vez transcurrido el tiempo. El protagonismo pasa a cada pareja que deben plantear sus acertijos al resto del grupo. Ahora cada pareja es protagonista y guía la clase. Controla el tiempo que da para resolver cada uno de sus cinco acertijos. Alguno de ellos muy sencillo pero a los que hemos de estar muy atentos. Nos reímos muchísimo cuando descubrieron la solución al acertijo:

Madrid empieza por M y termina por T, ¿Cómo es posible, explícalo

Jugar, aprender, desarrollarnos en el aspecto lógico ha sido el objetivo del trabajo en el campus de este año que ya casi toca a su fin. Nos queda sólo una semana, para poder descansar los últimos quince días de agosto. Del que seguramente, haré una reflexión global la próxima semana.

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