Bien, ahora deben ayudar a sus compañeros. En este juego deben liberarlos. Por eso, ahora ustedes deben pasar el protagonismo a ellos. Su participación debe ser ayudar a los demás para que se salven y que sea el equipo el que gane…
– ¡Pero es que yo quiero marcar más!
– ¡Yo quiero ser el mejor, el líder…!
– ¡Yo así no juego!
Bien. Pues no jugamos, dijo el monitor.

profejesus ser el mejor

Podemos trasladar esta conversación a cualquier equipo y cualquier deporte. El monitor en el campus trataba, con mucha dificultad, de enseñar unos valores en el campamento. Sin embargo, este sistema enseña la competencia y el individualismo. Tratar de romper con esta mentalidad, aprendida desde la cuna, es muy complicado.

El sistema de aprendizaje, tanto en clase como en el resto de disciplinas, enseña a ser los mejores. Además, para colmo, ser el segundo o el tercero, no sirve de nada. Basta fijarse en los rostros de los deportistas cuando juegan una final y no la ganan. ¡Pero si son los segundos mejores! Pero sus caras son un poema. Al recibir la medalla se la quitan rápidamente, lloran, se desesperan. Algo incomprensible, pero que también nos llega en el aprendizaje. Ganar o morir.

Entonces, ¿qué sociedad estamos creando? En el aula sucede más o menos lo mismo. Quien sobresale es premiado. Los profesores se desviven en elogios. Es el mejor, tiene una gran capacidad, llegará lejos. Pero ¿y si le pedimos que ayude a sus compañeros? ¿Estaría dispuesto…? No se puede generalizar, pero en algunos casos, los estudiantes, no estarían dispuestos a ceder, por ejemplo, parte de su nota, para que otros aprueben.

Trabajar en equipo, ayudar a los demás, que es algo en en lo que me empeño, como un lema de vida, pero se convierte en todo un desafío. No todos estamos dispuestos a luchar juntos porque todo el equipo se salve. No todos estamos dispuestos a conseguir un éxito común, obviando el individual. Es más en el campus de verano, en el que participo, los equipos han perdido por no ayudar a sus compañeros. En uno de los juegos, hay un momento crítico en el que el jugador debe centrarse únicamente en ayudar sus compañeros de equipo. Sin embargo, el equipo pierde. Se para el juego, se explica y se vuelve a explicar y sucede la conversación del principio del artículo. ¡Pero si yo quiero marcar más! El individualismo está demasiado enquistado en el pensamiento como para conseguir cambiarlo en unos días. De todas maneras no me canso de intentarlo porque creo que una sociedad más justa, que comparte, que ayuda… es posible.

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