Han entrado con mucho furor en las aulas los spinner. Un artilugio que, provisto de cuatro rodamientos, gira sobre si mismo y que según sus defensores, es capaz de reducir el estrés de los niños. Mientras unos lo ven como un instrumento inofensivo, otros se han apresurado a prohibirlo por distraer a los estudiantes y al resto de compañeros.

profejesus.com spinner

De momento, bajo mi experiencia, no se trata de un uso generalizado, sino que de manera aislada, algunos alumnos de los primeros cursos de secundaria, lo utilizan. En mi clase ni lo he prohibido ni tampoco lo promociono. Me parece sencillamente un instrumento que está de moda y, como tal, pronto desaparecerá. Recordemos, por ejemplo, que a principio de curso escolar se desarrolló una auténtica competición del «bottle challenge» en todas las clases y ahora, casi finalizando el curso, apenas de ven.

Algunos han puesto el grito en el cielo porque afirman que los niños están muy estimulados y necesitan este tipo de instrumentos para estar ocupados. Dicen que están muy inquietos, son incapaces de concentrarse y por eso necesitan los spinner, un boli, un estuche, una botella de agua o cualquier otra cosa para entretenerse.

No discuto en absoluto que estamos sobre estimulados. Los expertos opinan que nosotros, hoy en día, recibimos más información en una sola jornada, que una persona en toda su vida en la Edad Media. Sin embargo, como padres y educadores hemos de saber dar una respuesta a esa realidad. Hemos de proponer fórmulas para gestionar nuestro hogar y el aula.

En mi caso no he condenado ni prohibido los spinner ni tampoco las botellas de agua. Mi estrategia ha sido situarme a su lado. Interesarme por los artilugios, preguntarle por el precio y jugar un poco con ellos al comienzo de la sesión cuando los veo. Luego pedirles que lo guarden si molestan al resto. ¿debería entrar como un elefante en una cacharrería prohibiendo o requisando las botellas o cualquier elemento ajeno al aula? Pues no. Porque seguramente generaría más conflicto al prohibir. Como todos sabemos lo prohibido nos atrae más y, bajo mi humilde punto de vista, genera una tensión innecesaria en el aula.

Recuerdo que, cuando prohibía los dispositivos electrónicos en el aula, muchos lo usaban a escondidas. Se situaban al final de la clase, no atendían… Ahora están permitidos, pero hay momentos en los que simplemente no nos hacen falta, los dejamos sobre la mesa y no pasa nada. Un tema aparte es la concentración en el aula que no tenemos porque asociarla a ningún artilugio. Ante esta situación ¿Qué hacemos? ¿castigamos a quien hable? ¿Expulsar al que se mueva?  o ¿buscamos herramientas que nos ayuden a concentrarnos?

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