Frecuentemente escuchamos que los chicos no se comportan bien en el aula. Unos son disrruptivos, otros no mantienen la atención, les cuesta concentrarse, hay quienes molestan y así se insta a los directivos a tomar las medidas para cambiar la conducta. ¡El problema está casa! dicen algunos, otros opinan que está en la sociedad que ha malcriado a los jóvenes… pero mi pregunta, desde que reconozco problemas de actitud en el aula es la misma: ¿Qué estoy dispuesto a hacer yo para que esos problemas cambien?aprendiz-de-maestro-actitud-en-el-aula

Los problemas de actitud en el aula no son nuevos. Hace años, se imponían unos arrestos severos a quienes interrumpían el desarrollo normal de una clase o quienes no realizaban los ejercicios o tareas. Aunque no se castiga físicamente, hay quienes consiguen que las clases estén en silencio a base de miedo, ese mismo miedo que hace años teníamos cuando no dominábamos la tabla del 6 o no teníamos claro cual era el pretérito pluscuanmperfecto del verbo… El miedo no me ha parecido nunca una buena herramienta para el aprendizaje y, sin embargo, mucho lo usamos. Si no te comportas, te pongo un negativo; si no traes la tarea, suspendes; si no lees el libro, no superas la matera… hacen que los jóvenes estudien por el miedo a las consecuencias y no por el placer o el deseo de aprender.

En mi labor docente siempre me hago preguntas ¿me gustaría haber asistido a la clase que di hoy? Con los que no se comportan ¿qué puedo hacer para motivarlos? No obstante, algunos no están dispuestos a preguntarse nada y quieren que las cosas cambien sin mover nada a su alrededor. Hay una máxima evidente para resolver los problemas en el aula: “Si quieres resultados distintos no sigas haciendo lo mismo” Yo quiero un silencio sepulcral en mis clases (cosa que es imposible) pero voy a dar una clase aburridísima sobre la estructura molecular de… Seguramente la clase será un fracaso.

Mi pregunta y la de muchos docentes siempre ha sido:  ¿Cómo es posible que los chicos/as en clase no mantengan la atención pero sí lo hacen al escuchar una canción, jugar con la video-consola? Ellos mismos dirán porque nos motiva, no nos aburre, es divertido. Bien, entonces quizá habría que pensar en unas clases que no sean aburridas, que sean motivadoras en las que el profesor sean un guía, un animador, un presentador hábil para que los estudiantes se decidan a aprender. ¿Cómo? Muy fácil, todo empieza con una pregunta: ¿Si estuviera en el pupitre me gusta la clase que he dado hoy? ¿Qué puedo hacer para que cambie?

Anuncios